49. A punto de caer.
Mis movimientos eran lentos. Casi tuve el impulso de tirarme en la cama y fingir que dormía para no tener que bajar a cenar con Kedar. Tenía el corazón latiéndome a mil, me temblaban las manos y un sudor frío me recorría la espalda. Intenté respirar pausado, pero no pude; estaba completamente aterrada. La mirada de Kedar y la manera en la que me había tocado me producían una profunda desconfianza. Había demasiada suavidad en su toque, y eso me ponía los nervios de punta. Él no era así, a menos