25. Es inevitable
Al salir de la universidad después de la última clase, mi cuerpo parecía estar en un estado de alerta máxima. Me dolía la cabeza debido al tormentoso silencio de Samara y a los constantes mensajes de Kedar. Prácticamente me amenazaba con enviar más hombres y armar un alboroto público si no utilizaba los servicios del guardaespaldas apostado afuera de la facultad. Vi a mis compañeros despedirse, mientras cada uno subía a sus respectivos autos y no pude evitar sentir una punzada de envidia. Ellos