24. Contra reloj
Las reglas de mi familia siempre habían sido simples: Sé una buena hija. No le cuentes a nadie nuestras disputas. Por ningún motivo hables de tus traumas. Pero, sobre todo, mantén a tu esposo contento para que se alíe con nosotros y podamos recuperar nuestro estatus. Ah, y por supuesto, no olvides embarazarte. Esa parte era vital para ellos; el único problema es que los embarazos estaban fuera de discusión. Yo no podía tener hijos.
—Entonces, ¿usted dice que este conjunto sirve para provocar a