La lluvia caía como un murmullo constante contra los cristales del ventanal.
El cielo estaba cubierto de nubes grises que apagaban la luz del día, y el apartamento de Valery, normalmente envuelto en penumbra voluntaria, parecía aún más silencioso.
Todo estaba suspendido en un instante húmedo y gris.
El reloj marcaba la hora con una lentitud insoportable, y el tictac parecía arrastrarse entre los rincones con un eco metálico.
Ella estaba allí, de pie frente a la ventana, inmóvil, con los brazos c