Valery, sentada frente a la pequeña mesa de su camerino, observaba su celular con una mezcla de tensión y deseo, las luces cálidas del bar aún estaban apagadas, y el silencio era interrumpido solo por el eco lejano de un contrabajo afinándose.
Tomo su teléfono en mano y escribió despacio.
—Si esta noche no tienes planes… pásate por donde trabajo. Me gustaría que estés aquí, te espero. ―Y envió una dirección adjuntada al texto, era para Jacob.
No tardó mucho en obtener una respuesta.
“Dame veinte