Condiciones

POV Isabella

El interior de la casa de Sebastián es un reflejo de él mismo: moderno, frío.

Adentro todo es minimalista, por más que intento buscar algo de color no lo consigo, todo es blanco y negro, de vidrio o acero, ni siquiera veo una foto familiar.

Definitivamente no es como la mansión Blackwell, por lo menos no como cuando Julián aún vivía.

- Estaba pensando que…

- Ambos viviremos acá – me interrumpe Sebastián.

Apenas hemos llegado de nuestra “boda” y ya ha vuelto a su hostilidad habitual.

- Estaba pensando en alquilar un apartamento – continuo molesta por su interrupción – o incluso volver a…

- ¡Ni lo sueñes! – la reacción de Sebastián es hostil y me sorprendo. Por un momento pensé que él estaría de acuerdo.

Lo observo caminar hasta el sillón de aspecto incómodo y tomar asiento.

En nuestro camino a su casa apenas y hablamos. En realidad, desde que firmamos los papeles de matrimonio Sebastián y yo no hemos cruzado palabra en todo el día, ni siquiera cuando nos tuvimos que acercar para que nos tomasen algunas fotos.

- Firmar los papeles no es suficiente – comienza Sebastián – mi abuelo ha dispuesto que para que esté matrimonio sea considerado legal también haya una convivencia comprobable.

- ¿Convivencia comprobable? – repitió confundida.

A pesar de que Julián ya no está con nosotros no deja de sorprenderme con cada cosa que hizo.

- Además de tener que vivir juntos debemos de mostrar estabilidad ante los demás. No me importa lo que hagas dentro de esta casa, pero cuando estemos fuera deberás de actuar como una esposa enamorada – dice Sebastián con hastío – para todos tú y yo nos hemos casado por amor – escupe la palabra como si fuese algo asqueroso de decir – tendrás que acompañarme a eventos o reuniones sociales y tendrás que comportarte a la altura de una verdadera Blackwell.

- ¿Qué pasa si no lo hago? – pregunto en desafío.

Suficientemente malo ha sido que me hayan obligado a regresar y más aún el hecho de que haya tenido que casarme con Sebastián, ¿Pero tener que vivir bajo su sombra?

No puedo.

Yo… tengo que buscar la forma de volver.

- Si no lo hacemos la cláusula no será cumplida y el poder ejecutivo de la empresa se dividirá.

- Ese no es mi problema.

- ¡Pues ahora lo es! – réplica Sebastián poniéndose de pie.

- Puedo… puedo asistir algunas veces, pero…

- No hay peros Isabella, entiéndelo – de pronto soy consciente de lo cansado que se ve – esto es lo que tú querías – me acusa – no se qué m****a has hecho para que mi abuelo me obligará a estar contigo. No me interesa tener un matrimonio real, solo necesito que simules delante de los demás – dice modo de advertencia – aunque eso no será difícil para ti – se burla – ya lo has hecho antes.

Sus palabras son como un golpe para mí.

Desde que he sido obligada a regresar no he dejado de recibir insultos de los Blackwell.

Ya estoy harta.

- No me importa lo que tú creas saber de mi – me enfrentó a Sebastián no queriendo seguir escuchando sus insultos – aún así te lo vuelvo a repetir, yo no hice nada para que Julián hiciera eso.

- ¿Tengo que creerte? – pregunta con sorna al mismo tiempo que lo veo empezar a quitarse la camisa.

La corbata y la chaqueta ya se las había quitado en el coche de camino a su casa.

- ¿Qué pretendes? – digo dando un paso atrás. No entiendo porque Sebastián se está desnudando frente a mi.

- ¿Uhm?

- Yo… yo accedí a este matrimonio – masculló incómoda – pero no a más. Estoy de acuerdo en acompañarte algunas veces pero…

- ¿Qué? – Sebastián parece confundido.

- Yo no… yo…

De pronto Sebastián fija su mirada en lo que estoy viendo. Su pecho desnudo.

- ¿Te molesta? – dice acercándose a mí.

- ¡No te acerques! – replicó levantando mi mirada a sus ojos.

- No es nada que no hayas visto antes – me recuerda – No deberías de sorprenderte tanto.

- Yo no… yo – intento decir algo pero nada coherente sale de mi.

Molesta por su intento de intimidarme lo observo con desafío.

Si Sebastián cree que puede intimidarme le demostraré lo equivocado que está.

Sin pensarlo me acerco a él, dejando solo medio metro de distancia entre nosotros por lo que me tengo que obligar a levantar mi cabeza para poder verlo a los ojos.

A pesar de que traigo tacones Sebastián sigue siendo más alto que yo.

- No tienes que preocuparte, haré lo que Julián estipuló en el testamento, lo haré por él, no por ti – le hago saber sin dejar de mirarlo a los ojos – no tengo idea porque Julián hizo algo así pero de nada sirve que me culpes de algo que solo tu abuelo sabe porque lo hizo. Iré a esa reuniones contigo, actuaré como tú querida esposa pero no me someteré a ti de ninguna otra forma – le hago saber.

Sebastián me observa en silencio.

- No espero más de ti – dice al fin.

Estoy por decir algo más pero mi teléfono celular escoge este momento para sonar.

Sin despegar mi mirada de él saco mi teléfono de mi bolsa.

Un rápido vistazo me muestra una foto y un mensaje breve que hace que mi pecho empiece a doler. Sebastián ha tenido que percibir algo porque se acerca más.

- ¿Qué es eso? – pregunta intentando ver mi teléfono.

Rápidamente bloqueo la pantalla.

- Nada – respondo.

¿Acaso habrá visto algo? – pienso nerviosa observando esos ojos que me ahora me miran con intriga.

- ¿Algo que debería de saber? – pregunta con voz ronca.

¿Algo?

- No – digo sin dudar.

Sebastián jamás deberá de enterarse de nada.

- No te creo – réplica serio – te lo advierto Isabella, no permitiré que hagas nada para arruinarme la vida.

- Y no lo haré – prometo. Mi intensión nunca ha sido perjudicarlo.

Él me observa, se que no me cree pero no me importa.

Sebastián y yo nos quedamos viéndonos por lo que parece una eternidad hasta que él es el que rompe el contacto visual.

- Arriba a la derecha – señala las escaleras – escoge la habitación que quieras – dice dándome la espalda – tu maleta ya esta arriba, solo llévala a la habitación que escojas – lo escucho decir mientras camina.

- ¡Espera! – lo detengo.

Sebastián gira y la mirada que me lanza debería de hacerme querer retroceder pero no lo hago.

- ¿Qué?

- El dinero – digo de pronto – dijiste que transferirías el dinero apenas saliéramos del registro – le recuerdo.

Hace tres días Sebastián me hizo firmar un acuerdo prenupcial donde yo aceptaba no recibir nada si nos llegáramos a separar, algo que ambos sabemos que haremos pronto, en cambio él acordó en darme doscientos mil dólares luego de casarnos y una mensualidad por un año para mis gastos personales.

- Ya veo lo que realmente te preocupa – chasquea molesto – el dinero será transferido mañana – responde Sebastián – ¿Puedes esperar unas cuantas horas más? – se burla.

Su mirada es dura, su voz fría pero no me dijo intimidar.

Si tan solo supiera la verdad…

- ¿Eso es todo? – pregunta.

- Si – respondo fingiendo tranquilidad.

Mi teléfono vuelve a sonar.

No necesito abrir el mensaje para saber de qué se trata.

Apenas Sebastián me haga el pago tengo que buscar la forma de salir de aquí por unos días.

Tengo que ir a verlo.

Y tengo que ser cuidadosa.

Si Sebastián se llegara a enterar de la verdad ya no habría vuelta atrás, ya no tendría como protegerlo.

Manteniendo mi postura de indiferencia paso por su lado rumbo a mí nueva habitación. Puedo sentir su mirada en mi pero hago como si no lo sintiera.

Frente a Sebastián Blackwell, no puedo mostrar ningún tipo de debilidad.

Continue lendo este livro gratuitamente
Digitalize o código para baixar o App
capítulo anteriorpróximo capítulo
Explore e leia boas novelas gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de boas novelas no aplicativo BueNovela. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no aplicativo
Digitalize o código para ler no App