Ya ha pasado una semana desde nuestra boda.
Dos semanas desde que fui obligada regresar.
Aún así no he salido de este lugar.
Sebastián me ha mantenido prisionera en su casa.
Agobiada salgo a dar un paseo por el jardín.
Aunque la casa de Sebastián es mucho más pequeña que la mansión Blackwell no deja de tener un gran jardín.
Cuando me siento más serena, más tranquila, me obligo a volver.
Apenas entró a la casa vuelvo a escuchar los murmullos.
A mí alrededor los empleados no dejan de actuar como