Una visita inesperada

Ya ha pasado una semana desde nuestra boda.

Dos semanas desde que fui obligada regresar.

Aún así no he salido de este lugar.

Sebastián me ha mantenido prisionera en su casa.

Agobiada salgo a dar un paseo por el jardín.

Aunque la casa de Sebastián es mucho más pequeña que la mansión Blackwell no deja de tener un gran jardín.

Cuando me siento más serena, más tranquila, me obligo a volver.

Apenas entró a la casa vuelvo a escuchar los murmullos.

A mí alrededor los empleados no dejan de actuar como si yo fuese una invasora.

- Señora Blackwell – inclina su cabeza una sirvienta apenas me ve pasar.

Las palabras son correctas.

El tono no tanto.

Ignorándola camino directamente hacia la escalera. Quiero ir a mi habitación.

Aunque ahora soy la señora de la casa, la señora Blackwell, ninguno me trata como tal.

Para ellos yo soy una intrusa.

Una invitada.

Definitivamente este no será un hogar para mí.

- El señor Blackwell ha ido a la oficina – me informa la misma sirvienta detrás de mi. Me ha seguido – regresará más tarde.

- Está bien – respondo, porque la verdad no me interesa.

Desde que nos casamos solo he visto a Sebastián unas pocas veces.

Mejor así.

Mientras menos tiempo tenga que pasar con él más seguro para mí será.

Aún así, los empleados sean han encargado de mantenerme al día con el itinerario de Sebastián aunque yo no lo haya pedido.

- Eh… señora…

- ¿Qué? – pregunto deteniéndome.

Cansada de toda está situación giro para enfrentarla.

En sus ojos puedo ver su molestia, su inconformidad.

Es la misma mirada con los que todos en esta casa me ven desde que llegué.

- Tiene visita – sonríe.

¿Visita?

Confundida espero a que se explique pero es en este momento en que noto que hay alguien más con nosotros.

En el salón, sentada sobre el sofá hay una mujer.

Lo primero que noto es que es elegante y hermosa.

Muy hermosa.

Su mirada me recorre lentamente.

Me está evaluando.

Confundida bajo los pocos escalones que logré subir y camino hacia donde ella me espera.

- Buenas tard…

- Así que tú eres la esposa de Sebastián – interrumpe.

En seguida noto que está no es una visita de cortesía.

- Si – respondo con firmeza sin dejarme intimidar a pesar de que su aspecto es muchísimo mejor que el mío. Ella es alta, y con físico de supermodelo. – ¿Y tú eres? – pregunto porque no tengo ni idea de quien es esta mujer.

Ella en vez de intimidarse por mi brusquedad solo sonríe.

Pero es una sonrisa fría, una sonrisa que solo refleja molestia.

- La mujer que debería de estar viviendo en esta casa.

Sus palabras me sorprenden.

- ¿Disculpa? – no puedo dejar de decir confundida.

Detrás de mi la sirvienta ríe.

Es obvio que está disfrutando de mi desconcierto.

- Yo soy Anabelle – continúa la mujer misteriosa con condescendencia – la novia de Sebastián.

Incrédula la observa.

Novia.

- ¿Como? – a lo mejor escuché mal.

La mujer me mira fijamente.

- No te acostumbres demasiado a este lugar – sonríe dulcemente aunque esa sonrisa no le llega a los ojos – pronto Sebastián entrará en sus cabales.

- Mira, Anabelle, no tengo ni idea que…

- Algunas cosas no duran para siempre – no me deja hablar – no me importa lo que hayas hecho para obligar a Sebastián a casarse contigo. Él entrara en razón y volverá conmigo. Si no me crees pregúntale quién ha estado a su lado todos estos años y con quién a compartido su cama.

Ella parece indignada con mi presencia y no es para menos.

No puedo creer que él haya insistido en casarse conmigo aunque ya haya tenido novia.

Es obvio que la empresa es lo más importante para él.

Confundida veo como está mujer toma su bolso y camina hasta la puerta de salida.

Yo no sabía que Sebastián tenía novia, aunque ahora que lo pienso era absurdo pensar que un hombre como él estaría soltero.

Aún así ya no hay nada que yo pueda hacer.

Mi matrimonio con Sebastián solo durará un año. Lo que ellos hagan luego de que esto termine no es mi problema.

Aún así mi corazón no deja de apretar un poco.

Ella… si ella de verdad es su novia, entonces ella tiene algo que una vez yo quise.

Un lugar en su corazón.

Detrás de ella la puerta cierra con un fuerte click.

Mientras, puedo escuchar a dos sirvientas cuchichear.

- La señorita Anabella debería de ser la señora de la casa…

- No entiendo que hace esta mujer acá, él señor ni siquiera la ama.

Los cuchicheos son cada vez más descarados.

Ni siquiera les importa que yo esté a solo unos metros de ellas y las este escuchando.

Esto es algo que debo de solucionar.

Si tan solo Julián supiera…

Molesta estoy por enfrentar a las sirvientas cuando mi teléfono vibra en mi mano con una notificación entrante.

Hospital San Rafael.

Mi corazón que antes se había acelerado un poco ahora parece que saldrá de mi pecho en cualquier momento.

Sin perder tiempo corro a mí habitación.

A mí alrededor todo deja de ser importante.

Solo me concentro en lo que dice el mensaje.

Sin querer esperar más, tomo algunas de mis cosas junto a mis documentos y los hechos en una pequeña maleta que traje conmigo.

No puedo esperar más tiempo.

Tengo que ir allá.

Él me está esperando.

- ¿Señora, a donde va? – dice la misma sirvienta de antes cuando estoy por salir de la casa – ¿Piensa salir?

- Si – digo sin querer perder más tiempo.

Ella corre detrás de mi.

- Pero señora… no se puede ir. El señor no ha autorizado su salida – dice jalando la maleta para detenerme.

Molesta por su impertinencia giro para enfrentarla.

- ¿Desde cuándo necesito permiso para salir de mi propia casa?

Ella parece sorprendida por mis palabras y puedo ver su creciente duda.

- Pero el señor…

- El señor – digo con brusquedad – no tiene porqué autorizar mis salidas. Yo – digo con firmeza – soy Isabella Blackwell, esposa de Sebastián Blackwell. Y señora de esta casa – digo con la voz más dura que logro – Recuérdalo.

Ella parece asombrada por mis palabras y aprovechando su desconcierto vuelvo a tomar mi equipaje.

Si Sebastián piensa que yo seré una prisionera en esta casa está equivocado.

Cuando salgo enseguida visualizo el taxi que llame.

Ya me está esperando.

Sin perder tiempo pido que me lleve al aeropuerto.

Nada me detendrá.

No cuando él me necesita.

Continue lendo este livro gratuitamente
Digitalize o código para baixar o App
Explore e leia boas novelas gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de boas novelas no aplicativo BueNovela. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no aplicativo
Digitalize o código para ler no App