Jacob, que llegaba en el peor momento, cerró la puerta tras él, acabando con toda posibilidad de escape.
—¿Qué está pasando? —preguntó al verlas llorosas y tomadas de la mano después de tan espantosa discusión.
—¡Mamá ya sabe toda la verdad!
Aquello no perturbó en lo más mínimo su expresión, con una tranquilidad que escapaba a la razón y la cordura. Qué doloroso fue para Isabella encontrarse con ese rostro bajo la máscara de su sonrisa encantadora.
—Querrás decir que sabe tu verdad, todavía no