Los oídos de Valencia zumbaban y no era por la intrusiva voz de Tobar, que debía haberse quedado sin palabras igual que ella al encontrarse con la escena del sillón.
Apenas cruzó la puerta del sitio del evento, Bri le quitó las anteojeras. Con sus gafas puestas le dio un vistazo al lugar, el vestíbulo de una casa cualquiera. Las cortinas le impidieron ver el exterior; la música poder captar otros sonidos del ambiente.
Erick Johnson apareció por el pasillo y la cogió del brazo. La jaló hacia el