—¿Nora...? ¿Qué le sucedió a tu cabello? —pregunté, apartando el rostro de su hombro con desconcierto.
Él sonrió con suavidad ante mi reacción, aunque pude ver un leve destello de nerviosismo en sus ojos. Parecía divertido, sí, pero también vulnerable, como si temiera mi juicio.
Lucía diferente, casi como si otra persona estuviera frente a mí. Estaba tan acostumbrada a su cabello rojizo, a ese fuego que lo volvía inconfundible, que verlo con el pelo negro m