Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl hedor a humedad y podredumbre impregnaba el aire de los calabozos, pero para mí era casi como el aroma familiar de un viejo hogar.
Llevaba tanto tiempo entrando y saliendo de este sitio que ya ni siquiera me inmutaba. Conocía cada rincón, cada grieta en las paredes de piedra, cada crujido de las puertas oxidadas. Este lugar, oculto bajo los cimientos del palacio, era testigo mudo de las peores miserias humanas… y de las cosas que yo mismo había hecho.






