Capítulo sesenta

El silencio flotó entre ambos por unos escasos segundos, mismos en los que Ares sintió que no solo su corazón regresaba a un ritmo normal, sino también parecía que su alma había regresado a él, aunque su respiración era un poco dificultosa, algo que nuevamente preocupó a Pilar, quien llevó su mano sobre su pecho, tratando de saber si Ares estaba hiperventilando, o sí estaba sufriendo algún infarto.

—Ares…

Lo llamo con la suavidad con la que se despertaría un recién nacido, sin embargo, el magna
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