El viaje a Pilar se le hizo más corto de lo que en verdad era, el nerviosismo aumentaba a cada metro que se acercaban aún más a la mansión Zabet, hasta que finalmente llegaron.
Desde afuera el lugar se veía imponente, y por supuesto tenía su encanto, el personal de seguridad en las torres de vigilancia dejaba en claro que no cualquier persona vivía allí, aunque claro que Pilar no tenía cómo saber que aquello simplemente era un farol, personas que tenían no solo autorización de portar armas, sin