Las manos de Ares recorrieron con suavidad su espalda baja, justo el límite entre su ahora más definido trasero, pues la buena alimentación, estaba haciendo lo suyo en ese cuerpo maltrecho, mientras las manos de Pilar, al fin se apoyaban de forma consciente sobre el pecho fornido de Ares, sorprendiéndose que estaba más duro aún que esos primeros días en que los había tocado, claro que sabía que el magnate se ejercitaba a diario, muchas veces lo había escuchado en la habitación del gimnasio, otr