Capitulo Cuarenta y uno

Las manos de Marta temblaban de manera incontrolable, los nervios la atenazaban hasta el punto de sentir que el aire le faltaba. Su mente, presa del pánico, apenas podía hilar pensamientos lógicos, pero siempre regresaba al mismo lugar, el último edificio en construcción de su desaparecido esposo, esa estructura que inacabada donde todos vieron por última vez, tanto a Darío como a su joven secretaria.

Allí, entre los cimientos apenas levantados, Daniel había confesado a la policía que se encaró a su padre por su infidelidad, relatando que, tras una fuerte discusión y un golpe recibido, Darío se marchó con su amante, dejándole a él solo entre el cemento y el frío de la noche, consumido por el desconcierto y la rabia.

Sin embargo, Marta sentía que algo no cuadraba en esa versión. Conocía demasiado bien a su hijo, lo había formado a su imagen y semejanza, y, aun así, una sombra de duda la envolvía desde entonces, pero el torbellino de desgracias que siguió, a la desaparición de Darío, no
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