Marta veía a Daniel y no podía creer que aquel hombre fuese su hijo, ese que nunca le llevó la contraria en nada, al que ella se había encargado de moldear desde que era un niño.
Ahora, frente a ella, la figura de Daniel era otra, toda la docilidad y fragilidad que siempre lo caracterizaron habían desaparecido y fuesen, sustituidas por una furia desbordada y una desolación que se le escapaban por cada gesto, por cada palabra que pronunciaba, solo resaltaba aún mas lo furioso y frustrado que est