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El amanecer no trajo consuelo.

Me quedé de pie en lo alto del risco, donde el viento cortaba como navajas y el cielo parecía pesar más que la tierra. Desde allí podía ver los valles, los bosques dormidos, las torres de las ciudades aún cubiertas por la neblina. La calma antes del despertar del mundo. La calma antes del final.

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