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El viento cortaba mi rostro con la frialdad de un juicio. Dejé atrás el bastión al amanecer, sin avisar a nadie, ni siquiera a Ronan. Algunas batallas no pueden ser compartidas. Algunas verdades sólo pueden ser buscadas en soledad.

Cabalgaba hacia el este, donde el mapa se volvía borroso y los nombres se desvanecían como susurros olvidados. Un lugar que poc

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