Llegamos a la boutique donde la madre de Landeros hizo la cita.
El lugar es elegante, silencioso, lleno de telas blancas y marfil que cuelgan como nubes suaves en los maniquíes. El olor a perfume delicado y a tela nueva llena el aire.
Una mujer muy amable nos recibe enseguida.
—Los estábamos esperando.
Nos guían hacia una sala privada.
Primero me toman las medidas. La modista rodea mi cuerpo con la cinta métrica mientras anota números en una libreta. Me pide que levante los brazos, que gire un