41: La tentación del enemigo.
Maldigo a mi maldito juicio cuando, traicionero, decide desaparecer sabe DIOS a dónde.
Porque en lugar de empujar al hombre que me está besando…
termino aferrándome a su cuello.
Sus manos me levantan de la cintura con una facilidad que me deja sin aliento y, antes de que pueda pensar con claridad, ya estoy sentada sobre la meseta de la cocina.
Y besándolo.
No… peor.
Comiéndome la boca del hombre que me tiene secuestrada.
Sus labios son exigentes, hambrientos, como si llevaran demasiado tiempo