Me quedo callada al darme cuenta de lo que acabo de decir.
Porque no lo es… pero en mi cabeza, en mis manos, en las madrugadas silenciosas en las que lo arrullo mientras toda la casa duerme… ya se siente como si lo fuera.
Y eso es peligroso.
Muy peligroso.
Víctor me observa en silencio.
No dice nada durante varios segundos, pero su mirada es intensa, pesada… como si intentara arrancarme los pensamientos de la cabeza y leerlos uno por uno.
—¿Tu bebé? —pregunta finalmente, serio.
Su