Bajo los refretores.
Estaba en la cama, harta. Harta de los comentarios, de los titulares sensacionalistas, de los rumores que nos colocaban en cada rincón emocional posible: de enemigos a amantes, de compañeros a almas gemelas, de por siempre a hasta nunca. Sí, lo aceptaba, lo nuestro parecía una cita romántica escrita por algún guionista con tiempo libre. Pero por el amor de Jesucristo… no tenían derecho a opinar tanto, ni a inventar tanto.
Los últimos dos días no había visto a Ethan. Solo ha