El Cenit de la Campaña y el Eco del Destino
La mierda con Max en el tribunal había sido un circo, pero un circo que, contra todo pronóstico, había jugado a mi favor. Su patética excusa del teléfono robado solo confirmó lo idiota que podía ser. La gente podía cambiar, sí, pero los cobardes y los manipuladores siempre revelan su verdadera naturaleza. Aquella farsa, por muy irritante que fuera, me había servido para pulir mi imagen. El labio roto y la ceja cosida eran un pequeño precio a pagar por