Capítulo 12. Perdida en la lejanía.
El aire del parque era fresco, pero la tensión entre Amelia y Noah era asfixiante. Sentada en la banqueta, Amelia sentía las lágrimas resbalar por sus mejillas.
No era solo el reciente sobresalto por el intento de abuso; era el torbellino de su vida: su tía, los peligros, la angustia del futuro. Todo la abrumaba.
Noah la observaba a unos metros. Cada paso que amagaba a dar hacia ella se detenía, consumido por la incertidumbre, deseando cruzar el puente invisible que los separaba. Dentro de él,