Capítulo 11. Celos.
—¡¿Se puede saber qué demonios haces trabajando aquí, Amelia?! —bramó Noah, cuya furia era palpable en el tono de su voz.
Amelia sintió un escalofrío recorrer su espalda; conocía muy bien el temperamento irascible de Noah, sus repentinos estallidos que podían ser tan intensos como una tormenta.
Sin embargo, a pesar del temor que le invadió, una chispa de rebeldía se encendió en su interior. Lo miró a los ojos desafiándolo:
—Soy dueña de mi vida, señor, y tengo la libertad de hacer lo que me pla