El veneno de la obediencia
El jardín de la mansión Blackwood, usualmente un lugar de paz, se había convertido en el escenario de una vigilia silenciosa. Alexander caminaba entre los senderos de piedra, con las manos hundidas en los bolsillos y la mirada perdida en el horizonte. Cada uno de sus pasos era observado desde la penumbra del despacho por tres pares de ojos que destilaban ambición y veneno.
Victoria permanecía junto al ventanal, con los brazos cruzados, viendo la silueta de su hijo re