El espejismo del beso
El jardín estaba envuelto en la luz dorada y engañosa del atardecer. Alexander caminaba con paso errante, con la mente fija en la habitación de arriba, preguntándose cómo derribar el muro de hielo que Elena había levantado. No se dio cuenta de que Flor se deslizaba hacia él como una sombra elegante hasta que estuvo a pocos metros.
—Hola, Alexander —dijo ella, con una voz suave que buscaba recuperar la intimidad del pasado.
Él se detuvo y la miró; su expresión era de una co