El regreso a las ruinas y el juego de la traición
El chirrido de la verja de hierro al abrirse sonó como un lamento olvidado. Elena se detuvo frente a la fachada de su antigua casa, aquella que se vio obligada a abandonar en una noche de terror y promesas rotas. El jardín, antes lleno de flores que ella misma cuidaba, era ahora un cementerio de maleza seca y hojarasca.
Emiliano, aferrado a la mano de su madre, miraba la estructura con ojos curiosos. —Mami... ¿Esta será nuestra casa de verdad? —