La estrategia del destino
Alexander Blackwood sentía que las paredes de aquella pequeña sala se cerraban sobre él. La revelación de Leonor sobre el intercambio de los bebés era una marea ácida que disolvía sus certezas. Miró a la mujer frente a él con una mezcla de odio y una admiración retorcida; Leonor no era la víctima que él creía, sino una jugadora que había movido las piezas en un tablero donde él solo era un peón.
—¿Dónde está Elena? —preguntó Alexander, su voz era un látigo de frialdad—