El juego del depredador
Las palabras de Alexander flotaron en el aire gélido de la oficina como fragmentos de vidrio. "Incumplimiento de contrato". Para él, Elena no era una mujer que había sufrido, sino una deuda pendiente, un activo que se había atrevido a escapar de su balance general. El dolor punzó el pecho de Elena, una herida vieja que supuraba ante la frialdad de aquel hombre.
—¿Piensa ir a buscarla entonces? —preguntó Elena; su voz era un susurro que luchaba por no quebrarse.
Alexander