El colapso de un imperio de mentiras
El deportivo de Alexander frenó en seco, levantando una nube de polvo que empañó los cristales. El silencio del campo fue interrumpido por el portazo violento de un hombre que no sabía esperar. Alexander miró la modesta fachada de la casa con un desprecio que ocultaba una ansiedad devoradora.
Leonor, que lo había estado observando desde la penumbra de la cortina, abrió la puerta antes de que él siquiera llegara al porche. No iba a permitirle el lujo de derri