La Sala de la Incertidumbre
El Hospital San Lucas no era un lugar de esperanza esa noche; era un mausoleo de luces fluorescentes que zumbaban con un tono monótono, casi burlón. Elena entró por las puertas de urgencias como un vendaval desorientado, con el rostro pálido y los ojos hundidos. Leonor, a su lado, actuaba como su ancla, rodeándola con un brazo firme, evitando que el colapso físico de su hija fuera total.
El aroma a antiséptico, una mezcla de alcohol y productos de limpieza, golpeó a