El golpe más bajo
La puerta se cerró con un estruendo que pareció hacer vibrar los cimientos de la mansión Blackwood. Victoria, inmóvil en el centro de la habitación, mantenía la mirada fija en la madera tallada, procesando las palabras de su hijo como si fueran ácido quemándole la piel. Poco a poco, giró la cabeza hacia Flor, que seguía hecha un ovillo en el suelo, sollozando y frotándose el cuello enrojecido.
Victoria se acercó a ella. No había compasión en sus ojos, solo una furia fría y ar