Hilos de sospecha
El rugido del motor del auto de Flor Valenti rompió el silencio sepulcral que envolvía los jardines de la imponente mansión Blackwood. Eran pasadas las cuatro de la madrugada. Flor estacionó el vehículo de manera impecable sobre el camino de adoquines, apagando los faros de inmediato para no levantar más alertas de las necesarias. Descendió del coche con movimientos calculados, acomodándose el abrigo de diseñador mientras su mente repasaba cada palabra que le diría a la matri