La bomba final
Elena entró en su habitación con los movimientos de un autómata. El aire en la casa todavía olía a las galletas de Leonor, un aroma que ahora le resultaba sofocante, como el perfume en un velatorio. Al cerrar la puerta, vio a Emiliano. El niño estaba sentado en el borde de la cama, pasando una toalla pequeña por su cabello húmedo tras la ducha.
Al ver a su madre, el pequeño se detuvo y la observó con esa intuición afilada que solo tienen los niños que han crecido rodeados de sec