El sabor amargo de la traición
El motor del auto de Taylor se apagó frente a la casa de Elena, pero el silencio que siguió no trajo paz. Elena tenía la mano en la manija de la puerta, su cuerpo rígido como una cuerda de violín a punto de romperse.
—Espera, Elena —dijo Taylor, rompiendo la quietud. Su voz estaba cargada de una preocupación genuina, sus ojos recorriendo el perfil de la mujer que amaba—. Déjame quedarme contigo. No estás en condiciones de enfrentar esto sola. No después de lo que