—Supongo que tu amigo ya te ha dado las buenas nuevas —comenta Giorgia al salir de su habitación y encontrarse con Julian, que también viene saliendo de la suya. No hay saludo, no hay un «Buenos días», ni nada por el estilo. Va directo al punto; a la situación que no la ha dejado conciliar el sueño en paz durante toda la noche.
Julian enarca una ceja y sonríe.
—¿Te refieres a la visita que nos harán, él y tu amiga?
—Exacto. —Cierra la puerta y se cuelga el bolso al hombro.
—¿Y te molesta? —preg