—¡Que yo no quiero tocarte! ¡Apártate de mi camino!
Intenta escabullirse, pero la mano de Julian la detiene y la regresa a su lugar.
—Confiésalo de una vez. Di que te gusto.
—¡No me gustas! —repite—. Admito que eres guapo y, sí, tienes un muy buen cuerpo, pero todo eso queda reducido a nada cada vez que abres la boca y actúas como el peor cretino del mundo. Eso hace que no me gustes en absoluto y, créeme, no me gustas jamás.
—¿Segura? —Los centelleantes ojos azules de Julian bajan y en