Barron Hill se sienta en su oficina con la mirada fija en los planos del hotel de Las Vegas, pero no ve los detalles del diseño; ve los efectos de la decisión que acaba de tomar. La ruptura de la sociedad con los Lerner pesa sobre él como un yunque invisible. Su rostro, habitualmente sereno y calculador, muestra arrugas prematuras de tensión, y sus dedos golpean la mesa con impaciencia mientras sus pensamientos se agolpan.
Respira hondo, intentando calmarse, pero es inútil. Joseph Lerner sigue