La noche ha caído sobre la ciudad, pero en el departamento de Giorgia las luces cálidas apenas logran suavizar el clima de tensión que se respira. Ella camina de un lado a otro de la sala, aún con la ropa de trabajo puesta, sin poder creer lo que acaba de escuchar. La afirmación de Julian, que hasta ese momento seguía esperando que fueran una broma y no una verdad. Julian, en cambio, está sentado en el sofá, con los codos apoyados en las rodillas y las manos entrelazadas. Sus ojos, cansados, la