El consultorio era más cálido de lo que Gabriele había imaginado. Las paredes estaban pintadas en un tono crema que no destacaba mucho, pero tampoco resultaba incómodo. La luz natural entraba suavemente por una ventana alta, sin tocarlo directamente.
Frente a él, había un sillón y, a su lado, una planta. Gabriele se sentía algo fuera de lugar.
— Puedes sentarte donde te sientas más cómodo. —Dijo el psicólogo con una voz tranquila, sin pretensión de autoridad.
Gabriele no respondió. Se sentó, pe