El viento frío de Nueva York soplaba aquella mañana, como si la ciudad supiera que algo importante estaba por suceder. Gabriele se asomó por una de las enormes ventanas de la mansión, rodeado del silencio elegante de ese lugar que, para él, ya sentía como su hogar. Desde allí, observaba cómo el mundo seguía su curso, distraído e indiferente. Al principio, aquel lugar parecía una jungla de cemento, pero ahora empezaba a sentirse más familiar… y también más difícil de dejar atrás.
—¿Estás bien, ca