Gabriele después de despedirse de Luciano, llegó a la casa de su familia, su padre lo estaba esperando en la sala, con un semblante rígido y serio. Su madre, sentada a un costado, tenía en su rostro una expresión de preocupación, parecía que intuía lo que se avecinaba.
—Gabriele… —comenzó su padre, — necesito que me escuches.
Gabriele sin decir nada, solo se preparó para lo inevitable.
—Dime papá.
—Luciano Vaniccelli no es para ti, ya basta de esta tontería.
Gabriele sintió cómo su estómago se