El Amazonas no te recibe; te devora, El aire era tan denso y húmedo que se sentía como una segunda piel, una que intentaba asfixiarme a cada paso, Habían pasado años desde que estuve en esta parte de la selva para destruir la torre de obsidiana, pero la vegetación tiene una memoria agresiva. Los árboles habían reclamado las cicatrices de la guerra, cubriéndolo todo con un manto de verde esmeralda y sombras movedizas que parecían observarnos con una inteligencia antigua.
Me encontraba en la ram