El aire de los Alpes suizos no solo era frío; era afilado, una presencia física que cortaba los pulmones y recordaba la fragilidad de nuestra biología. Me encontraba agazapada en la arista de un risco que miraba hacia el valle de Valais, donde la antigua planta de refinamiento de cuarzo de Luna Corp se erguía como un monolito de pesadilla contra el blanco inmaculado de la nieve.
Llevaba puesto un traje de infiltración de alta montaña, diseñado por Aiden, era una maravilla de la ingeniería text