Scott aprieta los puños con tanta fuerza que sus nudillos se ponen blancos. Michael sigue, con un veneno suave en cada palabra.
—Voy a recuperarla… y esta vez la haré mía de verdad. Haré que me dé un hijo. Uno que sí lleva mi sangre. —Le da unas palmadas burlonas en el pecho—. Ve a atender a tu esposa. Pamela me dijo que está muy mal… y no olvides que está embarazada de ti otra vez. Si ella pierde a este bebé puede que quede loco. Y será todo tu maldita culpa. Así que concéntrate en el juego de