El estadio vibraba aquella tarde.
Los reflectores iluminaban la cancha y el rugido del público hacía temblar las gradaciones. Scott Alonso Bianchi corría con energía renovada, esquivando defensas, lanzando pases perfectos, anotando con una fuerza y destreza que le valieron varias ovaciones.
Ese año era el suyo.
—¡Bianchi Caruso! —gritó su entrenador, dándole una palmada en la espalda—. ¡Eso fue increíble, muchacho! ¡Las grandes ligas ya están preguntando por ti!
Scott sonoro de medio lado, se