El sobre negro pesaba en la mano de Valeria como si estuviera hecho de plomo líquido. La fotografía, esa captura robada de su intimidad en el loft, era un recordatorio de que Julián nunca dejaba cabos sueltos. Sin embargo, el estrépito del éxito inmediato —las felicitaciones de los ejecutivos, el apretón de manos de Dante, la firma apresurada de documentos preliminares— actuó como un anestésico temporal. Durante las siguientes horas, Valeria se sintió invencible, rodeada de un equipo que finalm