La mañana de la audición oficial con el sello discográfico amaneció con un cielo de plomo que parecía presionar los techos del conservatorio. Valeria apenas había dormido; el USB que Dante le había entregado se sentía como un peso vivo en su bolsillo, un talismán contra la frialdad que lo inundaba todo. Julián, por su parte, se comportaba como si la rebelión en la Sala 4 nunca hubiera ocurrido. Le había preparado un té matcha, le había recordado la importancia de la "imagen institucional" y la