El ascensor privado del Gran Hotel Ivanov subía en completo silencio. Las luces tenues del techo reflejaban sus rostros con suavidad, pero nada podía suavizar el filo que vibraba entre ellos.
Kira, con su impecable traje color rosa y su cabello recogido con perfección milimétrica, sostenía una carpeta con los protocolos de instalación para ejecutivos VIP.
A su lado, Konstantin Vólkov vestía un conjunto sobrio, negro y elegante, con una chaqueta entallada que marcaba la amplitud de sus hombros.